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Thursday, February 4, 2016

UN NERVIO CELULAR


UN NERVIO CELULAR

                En la ducha, el agua pasa intempestivamente de caliente a helada, la mente se nubla, cada célula del cuerpo se crispa, cada movimiento se hace torpe, parece más bien un stroke, un pánico incontrolable, se cae el jabón, arden los ojos por el enjuague, no podemos ver, tan solo pensamos en las consecuencias, fue un desacierto sin lugar a dudas, no he debido dejar las llamadas recibidas sin borrar, repito, cada célula está en alerta, bajo tensión terrible y paralizante y para colmo desnudo.

                Mi amor, -se escucha-… ¡tu teléfono celular está sonando!

                No puedo salir de la ducha así, estoy absolutamente entregado a mi suerte, mi matrimonio depende de quién sea al otro lado de la línea.

                Como puedo me seco a medio bañar, salgo como quien se encuentra en una competencia de velocidad hacia mi cuarto, allí en la mesa de noche donde le dejé, debo llegar primero que ella, puede ser mi novia, o aquella que conocí en Di Vietto hoy en la mañana, ¿Quién me manda a estar dando mi número a cualquier desconocida? ¡Pero es que era tan bonita!

                A partir de ahora solo daré mi correo electrónico, la verdad es que la telefonía celular ha llegado a nuestras vidas para mortificar cada célula de nuestro cuerpo, creo que por eso debe llamarse celular, pero tampoco, mi correo puede leerse también en mi celular, también se puede acceder al facebook, a mis cuentas bancarias, a mis más oscuros procederes, todo está en el maligno aparato, hasta las fotos desnuda que me mando Mariela y que en las reuniones fastidiosas de trabajo observo embelesado.

                Levanto la voz orondo y valiente, el alma me vino nuevamente al cuerpo, es mi abuela: ¿Alo, abuela, buenas noches como estas?, mientras camino aun mojado al encuentro de mi esposa, para asegurarme de que me escuche, si disculpa que no te atendí inmediatamente, pero me estaba bañando y había dejado el celular en la mesa de noche, por supuesto abuelita, ¿quieres hablar con ella? con todo gusto te la paso. Me quedé allí para verificar que al finalizar la conversación me devolviera el pecaminoso instrumento.

                Esto nos ha pasado a todos, ninguno se encuentra a salvo, a menos que sea Usted señor lector el Papa Francisco, cosa que me llenaría de mucho orgullo, pero el Papa no tiene ni celular ni esposa.

                Resulta que la semana pasada, para los efectos de esta edición, una empresa de vallas publicitarias ha solicitado una investigación a algunos funcionarios de la Alcaldía de la ciudad, porque arguyen que les han sido violados algunos derechos para hacer sus negocios y una corte ha solicitado entre otras cosas los teléfonos celulares de los funcionarios a manera de verificar algunos de sus contactos, llamadas telefónicas y mensajes de texto y nuestro concejal, mi amigo Pete Cabrera, se niega a entregarlo, por cuanto considera que es una violación de su privacidad y yo estoy de acuerdo parcialmente con él.

                Desde el momento en que una persona decide ser un político, un servidor público, un concejal, es susceptible de ser investigado, la vida de los políticos debe servir a la vez de ejemplo a los ciudadanos a los que sirven y dejan entonces de tener vida privada. Esa y otras razones nos obligan tanto al editor Luis Alcalá, como a mí, a no ser políticos ni servidores públicos.

                Al Senador Ted Cruz, candidato presidencial, le acaban de publicar un absurdo video de sus anos bisoños, donde aseguraba su afición por el poder y su intención de ser una suerte de dictador. Como es evidente, fue un video aficionado de la adolescencia, pero lo importante es que lo consiguieron, lo publicaron, lo vio un interesante y nada despreciable segmento de los votantes.

                Los políticos en ejercicio deben tener una vida impecable y ¿saben realmente que significa impecable?, pues proviene del latín “pecatus”, que traduce al idioma de Cervantes, pecado y el “im”, significa, sin, o sea, ¡sin pecado!

                Si nada hay que temer, considero que debemos cumplir el mandato de la corte y una vez obedecido, si acaso consideramos que se violaron los derechos, interponer una demanda al sistema, pero eso solo ocurrirá, en términos matemáticos, si y solo si, nos encontramos sin pecado, o sea, ¡impecable!

                La investigación se encuentra en pleno desarrollo, creo que no debemos ahondar más, hasta tener más y mejor información. Hacemos votos porque todo se aclare más pronto que tarde y que no quede entonces un ápice de duda, sobre el prestigio de nuestro Concejal Pete Cabrera, pero para que eso suceda, creo que tendrá que entregar su teléfono celular, aunque le dé un nervio celular.

                Abrazos Pete.

2 comments:

  1. sin comentariso, ante verdades irrefutables, què se puede comentar?...de acuerdo con la impecabilicac de las vidas de quienes deciden ser servidores publicos, porque para poder servir bien hay que haber aprendido y aprehendido el buen y sano vivr....impolutidad total..asi sea privada..

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