Search This Blog

Tuesday, February 23, 2016

EL PADRE ANTONIO Y SU MONAGUILLO ANDRÉS


EL PADRE ANTONIO Y SU MONAGUILLO ANDRÉS

            En el consultorio del odontólogo, nos pusimos a conversar. Ella, una mujer madura y yo un pecador consumado, le pregunté de donde era y me dijo que originalmente de Perú, pero que había vivido toda su vida en Italia, específicamente en Roma, luego en Nápoles y también en Sicilia.

            ¿Y conociste el vaticano?, si por supuesto, centímetro a centímetro.

            ¿Y Usted ha estado en el Vaticano? Me preguntó; no, pero lo conozco milímetro a milímetro y ¡no me creyó!

            Estudié filosofía y teología y yo pensé que la tarde ya se había pagado, porque nos enfrascamos en una conversación sumamente grata y poco común, mientras un individuo maduro sentado a dos sillas de ella nos observaba estupefacto.

            ¿Llegaste a conocer los archivos vaticanos?

            Si por supuesto, porque fui religiosa por veinte años.

            Hablamos del pentateuco, del celibato y del voto de pobreza, de los ateos y agnósticos, de Bernini y del passetto del Castello de San Ángelo, también de las cuatro Basílicas pero por sobre todo de Santa María del Poppolo.

            Cuando entramos a conversar sobre el oscuro pasaje histórico de la simonía, del Concilio de Nicea, de la cruzada Albiguense, su vecino, el hombre sentado a su lado, ya había dejado su celular a un lado y nos prestaba atención como quien está en una clase de sistemas automáticos de control siendo abogado, su cara de ignorancia, de asombro, era tal que me hubiese gustado tomarle una foto.

            ¿Y cuéntame?, a ¿qué orden perteneciste?

            Yo fui Franciscana.

            ¿Y Usted a que orden perteneció o pertenece?

            Yo no soy sacerdote, ¿realmente cree Usted que con esta cara yo puedo ser sacerdote?

            Discúlpeme Señor pero no le creo, como tampoco le creo que no conozca el Vaticano, es Usted un cura muy mentiroso y ambos reímos.

            De acuerdo a mi experiencia no tengo dudas que es diocesano-me dijo- y le refuté su afrenta para asegurarle a esta altura de la conversación y en vista de que nada me creía, que era un sacerdote pasionista y comencé a hablarle de la orden y su historia.

            Por cierto, murió Umberto Eco, ¿leíste “el nombre de la rosa”?

            Si por supuesto, era uno de los libros prohibidos, pero lo leí a la luz de la vela, escondida y le devolví la jugada diciéndole que ella fue una monja poco obediente y hasta insubordinada y se ruborizó.

            Cuando entramos a las escrituras, al desuso del Arameo y a la simbología católica de origen egipcio y asiático, la dama ya no tenía ninguna duda y me preguntaba cosas que contestaba desde mi asombro, porque la mente trabaja de manera sinusoidal, realmente no recuerdo donde había leído lo que contestaba, pero ella asentía en una suerte de prueba académica para salir de sus dudas.

            ¿Y que está leyendo?

            Los enamoramientos de José Marías y por primera vez me dijo: Padre y ¿considera que ese libro con ese título es apropiado?

            Se despidió pidiendo mi bendición y no sé si hice bien, porque la duda me asalta en si realmente soy el Padre Antonio o tal vez su monaguillo Andrés.

 

3 comments:

  1. Tu pluma es ágil e ingeniosa. Estoy orgullosa de ti.

    ReplyDelete
  2. estipefacto me dejaste con ese escrito nocturno...estabas tomado tequila antes de acistarte para madrugar y escribir???

    ReplyDelete
  3. Ni padre ni monaguillo, te conozco bien jajajaja

    ReplyDelete