La
Libertad que creemos vivir y yo, estuvimos casi cuatro años sin
fluir, en calma y a la sombra pues, nos faltaba la compuerta de aliviadero… Nos
faltaba un editor. En estos tiempos de posverdad desvergonzada y del hablar
soez como moda de tendencia; los criterios no compartidos, las memorias no
reavivadas; son como aguas estancadas que corren el riego de decaer sin servir
a nadie.
Un texto para
ser liberado y pasar a fluir, necesita la convalidación de una casa editorial
pues, es el editor el que reconoce un valor en el texto y liberarlo… Eso para
mí y “La Libertad que creemos vivir” es Jurado Grupo Editorial, la
compuerta que nos permitió fluir a cielo abierto de forma honesta y diáfana.
Para alguien como yo, la auto publicación no era una opción, pues en la auto
publicación falta el rigor de la valoración temprana y el valor agregado de la
estilización del texto.
Mi editor entonces
le da coherencia a mi texto, pues en el mismo, trato de hacer un llamado de
atención (con base histórica) de los factores: Libertad, Estado y pueblos.
La
libertad muere en la comodidad y renace en la inquietud de la propia mente que
busca entenderla; en mi caso puntual, mi ensayo carecía de sentido sin el rigor
y la oportunidad perfilada de y por un editor.
Se
calcula que el humano postmoderno miente al menos cada diez minutos, otros son más
ágiles en esto de mentir, pero es un promedio y llegué esa tarde a la casa de
mi amigo, el que tiene nombre de novela mejicana de alta calidad sentimental.
Un nombre de abolengo, de masculinidad, sí, él se llama José Ignacio León
Solarte, díganme sino corresponde a un nombre propio del Conde de Monte
Cristo o del Capitán Alatriste de Pérez Reverte y con esto espero
halagarlo.
Nos
servimos un buen trago y salimos a su bello jardín donde conversamos con
frecuencia de múltiples materias, porque él aún no lo sabe, ni tampoco me cree
cuando le digo, que, al ser un gran lector bilingüe, se está preparando para
ser escritor y será de los buenos.
—¿Que
tabaco quieres? —Y desenfundó una caja color azul en madera llena de una pequeña
fortuna de habanos y yo le mentí, pero lo hice sin intención cuando riposté: —estoy
dejando de fumar —y observé en sus universales micro gestos una cara de desilusión.
Ayer,
lo volvimos a hacer, exactamente igual. En este caso llevaba yo un par de
tabacos, mientras nuestras damas reconstruían en sus fértiles mentes, la decoración
de su bella casa donde siempre nos sentimos como en la nuestra y al salir al jardín,
allí estaba: un bello cenicero en cerámica, con las inconfundibles señas de la fábrica
centenaria de los tabacos cubanos Cohiba y no me pude aguantar:
—¿Dónde lo compraste? Yo quiero uno
para mi jardín —y mi novelesco y caballeroso amigo me ripostó:
—Ese era tuyo, pero aquella noche de diciembre en que te lo iba a regalar,
me dijiste que estabas dejando de fumar y lo he puesto aquí.
Las
gentilezas del hidalgo José León Solarte, son tantas que había guardado la
caja, lo introdujo en la misma y me lo entregó diciendo:
Como redención “POR GOTEO” para curar el daño
ANTROPOLÓGICO de Venezuela.
Por Sebastián Di Pietro B. Escritor de Jurado Grupo Editorial
@dipietrosebastianj
La economía petrolera venezolana está en vías de ser recuperada por los EE.
UU. El petróleo no se produce, el petróleo se extrae, se procesa y en el caso
venezolano, así como en la gran mayoría del mundo, es el dólar quien rige toda
la operación desde la exploración hasta las refinerías y cargueros.
Esto nos plantea un escenario ya muy cercano… Los operarios y técnicos
venezolanos que estén implicados a la nueva vuelta petrolera venezolana (unos
cuantos cientos que harán unos pocos miles) empezarán a devengar a cambio de su
duro y profesional trabajo, SUELDOS DOLARIZADOS DEL MERCADO REAL PETROLERO.
Profesionalismo, sudor y cumplimiento de funciones a regla de arte entonces,
harán que muchos padres de mi Venezuela lleven abundante comida a su mesa y no
míseras y escasas cajas del Clap… Sus vecinos y parientes verán ese progreso y
sus hijos volverán a tener un ejemplo digno y productivo que seguir.
La rehabilitación petrolera implica un adecentamiento bancario; eso creará una realidad de unos pocos que otros tantos verán y allí,
por goteo, el daño antropológico empezará a sanarse de a poco.
Es una paradoja pero es una posibilidad real, gracias solo a la acción
continua del gobierno Trump.
El dólar fue tóxico en Venezuela, pues era gestado por la corrupción del
enchufe rojo-político-corrupto… El dólar puede pasar a ser sanador, en el
momento que viene devengado y distribuido por vía de trabajo real productivo.
¿Sanará mi Venezuela? Claro que sí… Pero necesita al menos, de dos tercios
del tiempo en el que se enfermó y enferma duró… Para mí, desde 1992 al 3 de
enero de 2026, donde empezó a sanar.
EL DAÑO
ANTROPOLÓGICO VENEZOLANO: LA HERIDA INVISIBLE.
Por: WILLIAM GARCÌA C.
Escritor de Jurado Grupo Editorial
@wagarciac1954
Ante las imágenes de devastación y
ecocidio del llamado arco minero y los estragos producidos en un sistema frágil
como los cayos de Morrocoy, cabe y es pertinente la siguiente reflexión: El
daño antropológico venezolano: la herida invisible.
Las crisis
económicas se miden en cifras. Las crisis políticas, en cambios de poder.
Pero hay daños más
profundos que no aparecen en estadísticas: el daño antropológico.
Venezuela no solo
vivió un colapso institucional bajo la llamada Revolución Bolivariana. Vivió un
proceso de transformación cultural y moral que alteró la conducta, el lenguaje
y la percepción misma de la realidad. No se trató únicamente de administrar mal
el país; se intentó redefinir al individuo.
El ciudadano fue
sustituido por la masa. La responsabilidad,
por la dependencia.
La cultura del
mérito, por la lógica de la dádiva.
Cuando una
ideología se propone fabricar un “hombre nuevo”, inevitablemente termina
deformando al hombre real. Y esa deformación no desaparece con un cambio de
gobierno. Permanece en los hábitos, en la desconfianza social, en la
normalización de la precariedad, en la relativización de la ley.
Uno de los efectos
más devastadores ha sido la ruptura del tejido humano: familias divididas por
la migración, comunidades fracturadas por la polarización, jóvenes formados más
en consignas que en pensamiento crítico. La diáspora venezolana no es solo un
fenómeno demográfico; es una pérdida simbólica, afectiva e identitaria.
El daño
antropológico se manifiesta cuando la sociedad deja de pensar en términos de
responsabilidad individual y bien común, y comienza a operar bajo la lógica de
la sobrevivencia y la obediencia. Allí la distopía deja de ser literaria y se
convierte en cotidiana.
¿Puede revertirse
este daño? Sí, pero no de manera automática.
En el corto plazo,
es imprescindible restaurar límites claros: igualdad ante la ley,
despolitización de la educación y recuperación de la institucionalidad básica.
En el mediano
plazo, la tarea es cultural: formar pensamiento crítico, rescatar la memoria
histórica sin mitificaciones y revalorizar el trabajo como expresión de
dignidad.
En el largo plazo,
el desafío es identitario: reconstruir una nación plural, no ideologizada,
capaz de reconciliarse sin negar la verdad.
La reconstrucción
de Venezuela no será solo económica ni electoral. Será, ante todo,
antropológica. Porque los sistemas políticos pueden caer en meses, pero las
deformaciones culturales tardan generaciones en superarse.
Toda utopía
impuesta termina revelando su rostro distópico. La lección venezolana no
debería olvidarse: cuando el poder pretende moldear al ser humano según su
doctrina, el resultado no es emancipación, sino erosión.
La verdadera
reconstrucción comienza cuando la sociedad decide volver a pensarse libre.
A
214 años de la Declaración de su Independencia del yugo colonial español, son
muy escasos pero ejemplares los episodios que confirman la responsable conducta
del poder militar venezolano ejercido durante 40 años democráticos por sus
Fuerzas Armadas Nacionales desde sus cuatro componentes fundacionales Ejército (terrestre),
Armada (espacios marítimos y aguas territoriales), Aviación y Guardia Nacional.
Enero
23,1958, cae la dictadura presidida por el General Marcos Pérez Jiménez. Un
factor determinante del suceso es el fraude que la cúpula del sector castrense
ejecuta en el previo plebiscito para desconocer el triunfo de la unión cívico
militar disidente. El Almirante Wolfgang Larrazábal ejerce la Comandancia General
de la Marina y desde su cargo está ligado a la oposición clandestina. Liberado
el país dirige la Junta de Gobierno provisoria encargada de organizar el Plan de
Emergencia, una transición requerida de apoyo militar porque 10 años de represión
dictatorial son imborrables de un plumazo y la amnistía falsa que hoy se pretende
legalizar perdonaría 27 años de
criminalidad uniformada.
Almirante
es un vocablo árabe que traduce “Príncipe de las aguas” yLarrazábalaquel
militar honesto, cantante yguitarrista en privado, siempre inspiró
confiable respeto y simpatía durante el proceso intermedio hacia la democracia que
resistió cuarenta años de sucesivos intentos golpistas.
Coincide
el recuerdo de aquel histórico suceso con la reciente publicación de Latitud
27 (EEUU 2025) original narración del venezolano Capitán de Navío
Bernardo Jurado, miembro de aquellas FAN que becaban estricta y selectivamente a
jóvenes vocacionales para su perfecta formación técnica en foráneos países
libres. Ahora prolífico escritor y editor desde el exilio combina en este libro
su destreza en una profesión que le viene de legado familiar,18 años a bordo de
fragatas misilisticas, vasta cultura centrada en la literatura universal, el
nudo dramático que describe la búsqueda del famoso tesoro perdido en Bahamas,
elementos combinados con su pasión marinera de fino lirismo. Texto que remite a
la declaración amorosa de Cristóbal Colón hacia su femenina “la mar dará esperanzas
al hombre como los sueños al dormir” y tocando sin saberlo quizás, los eróticos
mares del laureado Nobel (196O) Saint- John Perse.
La
Venezuela del reciente post enero 03, necesita una fuerza militar limpia y honorable,
otra vez forjada en primaria educación cívica, responsable integridad personal,
consciencia política de su labor ceñida a las leyes constitucionales de la
República Civil.
La
dura experiencia padecida por los actuales amenazados y castigados cuadros
medios castrenses durante dos décadas unida al sufrimiento del pueblo en secuestro y
exilio configuran la etapa transicional indispensable de rebelión libertaria
que sustente con firmeza decente la fase económica petrolizada en su avance
hacia una Venezuela rescatada y progresiva.
En 1973, el psicólogo
estadounidense David Rosenhan decidió poner a prueba la confiabilidad de los
diagnósticos psiquiátricos infiltrando voluntarios sanos en hospitales
mentales. El resultado fue un terremoto académico: personas perfectamente
equilibradas terminaron etiquetadas con trastornos severos simplemente por
haber pronunciado la frase equivocada en el lugar menos indicado. Su estudio,
famoso por revelar lo frágiles que podían ser ciertos criterios clínicos, dejó
una lección inquietante: a veces el contexto pesa más que la realidad.
La moraleja era
clara. Una vez que alguien recibe una etiqueta, todo lo que hace se interpreta
a través de ella. Si sonríe, confirma el diagnóstico. Si protesta, también. Si
guarda silencio, peor aún. La categoría precede a la persona.
Décadas después,
la política latinoamericana ofrece ejemplos donde el fenómeno de las etiquetas
parece haberse mudado de hospital. Pensemos en el debate alrededor del
chavismo, el movimiento fundado por Hugo Chávez en Venezuela. Tras años de
crisis económica, colapso energético, hiperinflación y migración masiva, el
tema genera pasiones intensas. Para algunos, el proyecto representó justicia
social la manera actual de definir el resentimiento y la envidia. Para otros,
simboliza un experimento fallido con consecuencias devastadoras.
Aquí es donde el
espíritu de Rosenhan asoma la cabeza con una sonrisa irónica. En discusiones
encendidas, no es raro escuchar que quien todavía defiende ese modelo “debe
estar desequilibrado”. La frase suele lanzarse con sarcasmo, frustración o
enojo. Pero, si la miramos con lupa, reproduce exactamente el problema que el
experimento original denunciaba: convertir una postura —equivocada o no— en
síntoma.
Chavez vive, gritan algunos, la
patria sigue, viviremos y venceremos. ¿No les parece patológico, turbio,
enfermizo, ilógico y absurdo?, deberían hospitalizarlos !!!
Eso no significa
ignorar los datos. Las cifras económicas, la escasez, el deterioro
institucional y el éxodo de millones son hechos ampliamente documentados y
discutidos por organismos internacionales.
Rosenhan mostró
que el poder de una etiqueta puede distorsionar la percepción hasta hacer que
la normalidad parezca enfermedad. En política ocurre algo similar: cuando el
desencanto es profundo, la tentación de explicar la persistencia del otro bando
como “locura” resulta casi irresistible. Es un atajo emocional que simplifica
una realidad compleja y esto lo hace a mis ojos aún más interesante.
Tal vez la
lección más vigente no sea que los diagnósticos sean inútiles, sino que debemos
usarlos con rigor y prudencia. Y fuera del ámbito clínico, quizá convenga
recordar que las creencias políticas —incluso aquellas que muchos consideran
desacertadas tras resultados adversos— pertenecen al terreno del debate, la
evidencia y la argumentación, no al del diván, pero es que Chavez no vive, las
patria se la han pasado por el colgajo, nadie puede vivir con esa hambre y no
sabemos a quién vencerán, además ya han internado a Maduro que es colombiano y
a la primera combatiente que no ha combatido.
“Es mejor estar callado y
parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente” Groucho Marx.
Desde
que el calendario marcó un día 3 de enero, esa fecha quedó tatuada en la
memoria colectiva venezolana. En clave de sátira política —porque a estas
alturas la realidad compite duro con el humor—, ese día se convirtió en el
inicio de una curiosa leyenda: la del “Día 3” como fecha predilecta para los
encuentros incómodos entre el poder chavista y la justicia.
La
historia continúa, siempre en tono de chanza popular, con el 3 de febrero,
cuando los rumores, memes y cadenas de WhatsApp aseguraban que Álex Saab y Raúl
Gorrín también habían tenido su propio “café amargo” con las autoridades.
Verdadero, exagerado o adornado, el relato cuajó rápido: algo pasa los días 3.
Desde
entonces, el calendario dejó de ser un objeto inocente. Cada nuevo mes llega
con su pregunta inevitable: “¿Y este día 3, a quién le tocará?”
Las
redes sociales, siempre creativas, no tardaron en hilar la broma: si el 3 de
enero fue para uno y el 3 de febrero para otros, la matemática revolucionaria
indica que la lista sigue. Y ahí es donde entran los nombres que hacen subir el
rating.
Muchos
miran directamente hacia Diosdado Cabello, el hombre del verbo afilado y
conductor del programa Con el Mazo Dando. La ironía no puede ser más perfecta:
en este universo humorístico, el mazo ya no solo “da” los miércoles por
televisión… sino que podría caer cualquier día 3 del mes. Marzo, abril, quién
sabe. El mazo es impredecible.
Otros
apuntan a Vladimir Padrino López, siempre, en todas las quinielas políticas.
Para él, dicen en broma, quizás el destino reserve un 3 silencioso, sin cámaras
ni discursos, pero igual de simbólico. Luego de su fracaso cuando le sacan a su
comandante frente a unos militares de papel, pues el valiente y siempre
excusado Vladimir no renuncia, pero él sabe que es un blanco fácil para la
justicia americana, solo debe hacer caso a las sugerencias y ser más
inteligente que su comandante.
Por
supuesto, todo esto se cuenta entre risas, sarcasmo y café cargado. Nadie tiene
una bola de cristal, pero el mito ya está sembrado: el día 3 dejó de ser una
fecha cualquiera. Ahora es expectativa, superstición política y humor defensivo
frente a una realidad que muchas veces supera al guion.
Así
que mientras algunos miran el horóscopo, otros miran el almanaque. Porque en la
Venezuela del chisme político, cuando el calendario marca 3… más de uno siente
que le van a dar, literal o figuradamente, con el mazo.