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Thursday, March 7, 2013

EL ALMIRANTE DEL DIENTE ROTO

Debemos aclarar que la muerte de Hugo Chávez Frías, no es una tragedia. La tragedia ha sido el desfalco de más de trece años de cifras inauditables que lindan los 800 billones de dólares americanos, los más de 222.000 jóvenes varones muertos, por la violencia, que a mediano plazo abrirá un hueco poblacional de magnitudes aún desconocidas, la poca producción petrolera debido a la falta de investigación y desarrollo y podríamos seguir sin obviar, por favor, la entrada del narcotráfico y el lavado de dinero, el secuestro como negocio y la guerrilla de las FARC, pero a mi juicio lo más importante es la ausencia de la meritocracia, el culto a la estupidez de un líder bonachón y regalón de los dineros públicos y por ende la minusvalía moral de todo un país. Veo en la televisión venezolana las declaraciones de dolor de personas humildes que agradecen esa vivienda digna que el difunto le regaló, las neveras y enseres que la dignificaron y los slogans tupidos de historia, pero nunca de futuro. Creo que es en la palabra regalo donde radica el liderazgo del ahora occiso. En el país de los pobrecitos no se entiende que esta gentuza chavista, vino para saquear con éxito el futuro y por ello solo hablan de epopeyas inexistentes que corean al unísono que Chávez sea enterrado en el panteón Nacional, donde enterrábamos a nuestros héroes, pero también debemos llamar a la cordura, porque el extinto Presidente, dista mucho de ser un Héroe. Uno, está definido como: “persona que se distingue por sus cualidades especiales en la guerra” y la única guerra librada en esa gestión administrativa ha sido contra la concordia, la pluralidad, la prosperidad y el amor. Pedro Emilio Coll, me ilustró en mi adolescencia sobre parte de la precitada estupidez cuando escribió aquel emblemático cuento que ahora podríamos personalizar en algunos de los funcionarios del régimen ilegal, sobre todo en el infeliz Almirante Diego Molero a quien conozco por su falta de inteligencia y cultura profesional desde hace más de dos décadas: “En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto sin pensar. Parientes y amigos se hicieron eco de la opinión del doctor, acogida con júbilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo se citó el caso admirable del "niño prodigio", y su fama se aumentó como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de la escuela, que lo había tenido por la más lerda cabeza del orbe, se sometió a la opinión general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien más quien menos, cada cual traía a colación un ejemplo: Demóstenes comía arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison... etcétera. Creció Juan Peña en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no leía, distraído con su lengua ocupada en tocar la pequeña sierra del diente roto, sin pensar. Y con su cuerpo crecía su reputación de hombre juicioso, sabio y "profundo", y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las más hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel espíritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los demás, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto, sin pensar. Pasaron los años, y Juan Peña fue diputado, académico, ministro y estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, cuando la apoplejía lo sorprendió acariciándose su diente roto con la punta de la lengua. Y doblaron las campanas y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador lloró en una fúnebre oración a nombre de la patria, y cayeron rosas y lágrimas sobre la tumba del grande hombre que no había tenido tiempo de pensar”

2 comments:

  1. ¿Cuántos Generales y Almirantes activos, con muy pocas y extremadas excepciones, tienen no un diente, sino toda la dentadura rota?

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