ENEMIGOS ÍNTIMOS
Y recuerdo a
aquel oficial jefe de mantenimiento al que se le ocurrió levantarme la voz,
cuando en el informe que pasé a sus superiores, le desnudé frente al espejo de
su flojera e ineptitud. Si, levantó la voz y con la misma le di la espalda y le
dejé hablando solo, porque nadie me levanta la voz y allí me acusó de arrogante
y a mi me parece muy bien.
En el país del
chisme y el descrédito muchos guardan silencio ante la traidora afrenta que
haga alguien sobre un amigo, excepto este servidor y es esa otra muy eficiente
fábrica de enemigos, pero advierto, si desea usted hablar mal de un amigo mío delante
de mí y en ausencia de él, pasarán al menos dos cosas: tomaré mi teléfono y le
llamaré inmediatamente o simplemente no aceptaré la cobardía de desacreditar a
alguien a sus espaldas.
En cada letra,
en cada escrito, en cada pensamiento estoy persuadido de que hago enemigos y no
es esto una paranoia, de ninguna forma, al contrario, les doy la mas cordial
bienvenida a todos aquellos que deseen serlo porque su enemistad basado en el
poema de Charles Mackay 1814-1889, me honra y me indican que voy por el camino
correcto: ‘ ¿Dices que no tienes enemigos?, Ay amigo mío, el alarde es pobre,
el que se ha mezclado en la pelea del deber, que los valientes soportan, debe
haber hecho enemigos. Si no tienes
ninguno, pequeño es el trabajo que has hecho. No has golpeado a ningún traidor
en la cadera. No has roto ninguna copa por el labio perjurado. Nunca has
convertido el mal en bien, has sido un cobarde en la lucha’
Les informo, basado
en el brillante escrito de Mackay, que yo si tengo enemigos, pero son tan
esquivos que se ocultan, de manera que les desilusiono informándoles que no
esperaba mas de ellos, me he acostumbrado a esto y el ejercicio me divierte y
mucho.
El solo hecho de
escribir, de publicar y además divertirme, causa envidia. El solo hecho de que
el saqueador Hugo Chávez y sus secuaces, no pudieron atraparme e hicimos del
infortunio una ventaja, me honra, porque ellos quisieran vivir la vida que
llevo ahora y eso da mucha rabia, envidia, resentimiento y por ende enemistad.
Realmente no me
interesa que piensa el resto de la humanidad. ¿Se imaginan ustedes que me
interesara?, pues no hubiese escrito ‘El pérfido critico’ dedicado a Orlando
Maniglia, tampoco hubiese escrito ‘La tragedia de ser Infante de Marina’ o ‘El
chisme margariteño’, por nombrar solo tres, pero todos fueron prolíficos en la producción
de enemigos que no tienen otra opción que observar con odio la verdad.
Por los momentos
a mis enemigos distantes, les convido a acercarse, a intimar, para que sus
dolores sean menos soportables, pero sobre todo a aquellos militares que
contribuyeron hasta con solo su silencio al desfalco de Venezuela, considérense desde este momento
mis enemigos jurados a quienes disfrutaré contribuyendo con su destrucción ante
la justicia.
Bernardo Jurado
es el autor de ‘La fragancia de la rebelión’