LA SALSA
DEL PAVO
En
aquel carro alquilado marca Ford de último modelo, le pedí a mi hijo que me acompañara
a la ciudad de Orlando en Florida, para grabar cuatro comerciales para Univisión.
Ciertamente y como es de esperar, la conversación se tornó muy grata, me
encanta poder influirle y ensenarle, conversarle y esperar sus puntos de vista.
La carretera de cinco carriles, impecable, sin tráfico a esa hora del amanecer y
de repente un vehículo de la policía de carreteras creo que a diez centímetros
a mi espalda, con todas las luces del festival Ultra prendidas y por supuesto
selectivamente mi vista se fue al velocímetro y ciertamente, estaba sin
quererlo pasado unas millas, me detuve a la derecha, mis manos sobre el
volante, mientras el oficial chequeaba por la placa mi record en la potente y
actualizada computadora de su vehículo ,
para venir, acto seguido, con un ticket por exceso de velocidad y por un
doloroso monto de más de $100.
En
presencia de quien me interesaba (mi hijo), acepté de muy buena manera la sanción
y agradecí al oficial, prometiendo que tendría más cuidado y como la cortesía es
un arma infalible, el representante de la ley me dijo que el agradecido era él
y que ese era su trabajo, cuidar la vida de las personas en esos parajes. No sé
porque nos fuimos los tres: mi hijo, el oficial y yo con una sonrisa amable y
por supuesto al llegar a Miami mandé el monto de la multa en un cheque que fue
cobrado por el Gobierno.
El
latinoamericano, todos sin falta, desde Río Grande en Méjico, hasta la
Patagonia en Argentina quieren a dos policías, añoran su presencia pero de
manera conveniente, les explico, que uno ponga el orden a los demás, pero que
sea indulgente con él, también quieren que los políticos sean individuos
serios, profesionales, buenos administradores y honestos, pero que sepan
regalar a quienes se lo merecen, o sea, a ellos, que no pongan trabas para la asignación
de un jugoso contrato, por supuesto ¿Para quién?, ¡para ellos! Y si podemos ser
un poco vagos, blandengues, lisonjeros, acomodaticios en esos tontos requisitos
que la ley invoca para beneficio de la Nación, por favor obviémoslos, porque
estamos hablando del político que él desea en ese momento.
Que
mi esposa sea casta y pura, una gran señora, madre abnegada, ejemplo de
santidad y honor, que sea amante en el mayor de los sentidos de esta palabra, educada
y prudente, una suerte de noble castiza, propia de Luis XIV, pero que no se
equivoque la esposa del vecino porque será pasada por las armas sin
miramientos, si ella, la esposa ajena posee una moral distraída, una ética
flexible, un comportamiento oscuro, esa ¡les gusta!
Quieren
que se cumpla la ley, quieren ser prósperos y hacer dinero, pero no quieren
trabajo ni orden cuando les toca de cerca a ellos. Debe haber una sola ley,
aplicable por igual a todos, cual cedazo, porque la salsa que es buena para el
pavo, seguramente lo será para la pava.








