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Monday, September 2, 2013

UN LEON EN EL MINISTERIO

El celador del zoológico, merodeaba alegremente en el parque, cuando ya los visitantes habían abandonado el lugar. Su trabajo era la seguridad física de las instalaciones y siempre había tenido especial admiración por los grandes felinos, los consideraba arrogantes, suntuosos, elegantes, majestuosos y a la vez flojos con todo el derecho que les dió la naturaleza. Sus cuatrocientos o tal vez seiscientos kilogramos de puro músculo, les hacían temibles y bien comprendía que un humano era una pieza de cacería fácil y de carne un tanto dulce. Dejó el área asiática, donde en sus inmensos parajes diseñados especialmente, los animales se sentían libres y a la vez protegidos y rodeados de un canal de agua que bajo el inmenso muro les aislaba de cualquier tonto que pudiese tirar a los animales, alimentos no recomendados para su salud y siguió por la senda de cemento, bien adornada de plantas y flores exóticas para aproximarse al área Africana a ver a sus animales favoritos, los leones, los reyes de la selva, los monarcas de la vida silvestre. En la inmensa pradera de césped cortado y con inmensas rocas de utilería donde ellos tenían la posibilidad de guarecerse del medio ambiente y a la vez bañarse y beber en el lago artificial, a esa hora de la tarde que moría, siempre habían pedazos de cadáveres que hacían suplir a los leones de sus necesarios cinco kilogramos de carne diaria, para sus sustento y para el mantenimiento de su peso y salud en cautiverio. El celador de nombre Ubaldo, no lo vió e imaginó que estaría haciendo su digestión detrás de las piedras, porque en el lago no estaba y decidió bordear por la caminería y buscar un ángulo donde verle a todo lo ancho y largo. Corrió despavorido al percatarse de la ausencia del León y tocó la alarma y vinieron los directivos, los funcionarios de IMPARQUES, del Ministerio del ambiente, bomberos y la policía y nada encontraron, había desaparecido misteriosamente. Cada Julio y desde instaurado el socialismo burgués en Venezuela, ascienden un promedio de doscientos Generales y Almirantes, en una Fuerza Armada de paz y que es usada para dolor de todos, en funciones más políticas que militares y es que es una aberración cuando estudiamos que el Almirantazgo y el Generalato obedece a una relación lineo funcional con las capacidades operativas en cuanto a hombres, unidades navales en la mar y escuadrones aéreos. La lastimosa historia del ascendido al Generalato, que de su acto de ascenso se va a su casa sin cargo aun asignado, con su gorra y caponas a comandar al chofer que le prestan, es deplorable. El león por su instinto, buscó el verdor de Fuerte Tiuna, un pulmón natural de Caracas que a la vez es el mayor asentamiento militar de la Capital venezolana y allí se sintió muy bien. Con suficiente agua, libertad y bastante comida, porque cada tarde iba con cierto disimulo a buscar un General en el Ministerio de la Defensa para comérselo y eran tantos y tan tontos que nadie se dió cuenta y cada Julio seguían multiplicándose y cada año tenía más que comer y fue muy feliz en la revolución.

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