En
el corazón del Caribe, bajo la coordenada imaginaria de la Latitud 27, se
esconde una historia donde el mar no es solo paisaje, sino cómplice de
secretos, pasiones y silencios. Así nace mi novela, Latitud 27, una travesía
literaria que mezcla lo emocional con lo enigmático, y donde cada ola parece
susurrar una verdad que nadie se atreve a decir en voz alta.
La
trama gira en torno a un hombre que se embarca, literalmente, en una búsqueda
de sentido, mientras enfrenta el duelo, la traición y la inevitable pregunta
sobre quiénes somos realmente cuando estamos lejos de tierra firme. No se trata
solo de un viaje náutico, sino un viaje hacia adentro, hacia las zonas grises
de la memoria y del deseo.
El
velero, un Catalina 30, no es solo un medio de transporte, sino un personaje en
sí mismo: testigo de confesiones, refugio de tormentas y espacio donde se
entrelazan lo vivido y lo imaginado. Todo ocurre bajo un cielo tropical que
parece hermoso, pero que también puede volverse amenazante en un instante, como
las relaciones humanas.
Latitud
27 ha sido presentada ya en tres ocasiones con notable acogida, y cada vez
descubro que los lectores encuentran en ella no solo una historia, sino un
espejo íntimo, un anhelo de libertad, o la necesidad de escapar y volver
distintos.
Esta
novela es una invitación. A leer, a navegar, a sentir. Y quizá, a preguntarte:
Llegamos, tocamos el timbre y allí apareció
la luminosa y cariñosa sonrisa de Eglee y nos abrazamos, nos besamos con la
urgencia que quitan o tal vez dan los años sin vernos.
Detrás estaba él, un recio caballero
que me veía con precaución. Nos saludamos con gentileza y fuimos al interno
para encontrarme con que el señor había sido alumno de mi padre.
Ahora mismo amanece y escribo luego
de leer una obra de excepción para caer en cuenta que no tengo a quien llamar
para felicitar, todos se encuentran en las manos del Señor y eso me hace reflexionar
profundamente en la falibilidad, pero a lo que vamos que Eglee y yo nos amamos
hace muchos años y mi esposa y el amanuense lo saben.
Que eras un niño bueno, que si
aplicado, que tus maestras te querían y yo, ante la andanada inevitable del
amor, solo guardaba silencio y en mi mente me decía: si tu supieras maestra
querida, si tu supieras de mis rubieras, de mis pasiones oscuras con algunas compañeras
de clase y de mi doble moral juvenil, tan doble como la de cualquiera por
cierto, pero a lo que vamos que él me veía con reservas y de repente,
desenfunda y me regala una obra de seiscientas noventa y un páginas de su autoría
titulada ‘’Memorias biográficas de la Madre Carmen Rendiles Martínez’’ y allí comenzó
la esgrima dialéctica, mejor aún, en mi mente me decía: no lo interrumpas,
aprende, cállate, presta atención, toda la que puedas que estás frente a un
docto, frente a un hombre que se retiró del sacerdocio faltando seis meses para
ordenarse, para ir a cuidar a su madre y unir a su familia dispersa por el
mundo.
Hoy en la mañana me he levantado en
la madrugada a leer este santo libro y como viejo escritor les digo que lo que
paso a contar sucede con frecuencia: hay oportunidades en que las letras, las
ideas, los pensamientos vienen espontáneamente como mandados de manera
exclusiva para nosotros y eso le ha pasado al Dr. Benito Prieto Soto, el esposo
de mi maestra Eglee, si, mi maestra de cuarto grado de primaria.
- ¿Y usted conoció al Padre Pio de Pietrelchina?,
le pregunté como una saeta.
-Si por supuesto, el curó a una
hermana mía de una grave enfermedad y hasta le mandó una carta que poseo en Caracas.
Yo confieso que no quería que
terminara la tarde, pero ya el poniente se hacía evidente, eran las ocho y
veinte de la noche y en este verano todavía había luz.
El Dr. Prieto me ha causado una muy
grata impresión, porque las inteligencias superiores me cautivan y además forma
parte de la causa de los santos de la Madre Carmen que será canonizada en próximo
19 de octubre del 2025.
Esta obra biográfica que ha hecho
Prieto y que ahora tengo en mi estudio, ha sido usada como evidencia
contundente para el progreso de la santidad de esta buena mujer venezolana y él,
Prieto, simplemente fue el amanuense que escribía lo que ella le
ordenaba en señales solo dadas a personas sensibles.
Gracias Dr. Prieto, además por la
muy honorable dedicatoria que nos ha hecho.
Y el alumno, un hombre que aún no pintaba
los cuarenta, en el receso de la mañana del taller de oratoria me lo dijo.
Confieso que yo a él no lo conocía, era uno más del público.
- - Profesor, mi mamá está brava con usted.
Yo estaba arreglando mis papeles, preparándome para la andanada de
impresiones luego del receso. Allí, ante la tontería del hombre, levanté la
vista, más por gentileza que porque me interesara.
- - ¿Y por qué está brava?
- - Ella lo llamó por teléfono hace algún
tiempo.
- - ¿Y cómo se llama ella?
- - Fulana de tal.
- -Pues, no la recuerdo, pero dime, ¿qué
le disgusta tanto?
- - Ella quería hacer un libro y habló
con usted y usted le dijo que no le importaba mucho el libro que escribiría,
sino el libro que en ese momento estaba leyendo y ella le contestó que a ella
no le gustaba leer.
Para
este momento, confieso que ya mi paciencia estaba vacía, nada podía detener la
patada voladora, sin embargo, hice un gran ejercicio sofrológico, recordé que
el alumno era también mi cliente y que debía modelarle, inspirarle y mostrar
signos de educación.
-Ajà, -dije con desdén, -¿y entonces que pasò?
-Que
usted le dijo a mi mamá que ella no leía pero que quería hacer un libro para
que la leyeran a ella.
-Bueno,
eso lo he dicho a varios, en esta onda de popularización de la literatura, perdón,
no quise decir popularización sino prostitución. ¿Y entonces que más pasó?
-Que
mi mamá dijo que usted es un grosero.
-Es
una lástima para tu mamá, no que me considere un grosero, cosa que es
perfectamente factible, porque las personas, mi querido alumno, prefieren en
estos días una mala mentira que les permita seguir delinquiendo, a una buena
verdad que les ponga en el sitio desde donde deben comenzar. Cuéntame
fulano, ¿al menos tu mamá comenzó a leer algo?
-Yo
no creo, profesor.
-Entonces
no podrá escribir ningún libro, porque para ser escritor se debe ser lector, ¿no
crees?
-Si,
profesor.
-
¿Y tú estás también bravo conmigo porque tu mamá està brava?
-Pues,
ahora que lo entiendo, creo que estoy es bravo con mi mamá.
Luego de esta esgrima dialéctica balurda,
anoche me ha llegado de una lectora el siguiente mensaje. Realmente era un poco
más largo pero esas intimidades que esponjan mi ego, he decidido reducirlas al máximo,
igual que nos hemos reducido alejándonos con elegancias de las vanidades: ‘’…La
historia me cautivó, pero lo que no me esperaba, ni me pasó nunca por la mente,
fue el final. Wow, fue increíble, me quedé con la boca abierta. Felicidades por
esa novela, me encantó’’.
Es
la opinión de la doctora Liana Puig, que me honran muchísimo en referencia a la
novela Latitud 27.
El
sábado 21 de junio a las 6 PM, tendremos otro brindis y botaremos la casa por
la borda del Blue Book, por la fina gentileza de la talentosa Jeniree Blanco y
su equipo, en el White Art Gallery, en 7428 SW 42 St, Bird Road Art District.
Para Bernardo
Jurado escritor de la obra Latitud 27
Por Belkys Tovar
Escritora de Jurado Grupo Editorial
Estimado
escritor Bernardo Jurado, con profunda satisfacción he leído su libro Latitud
27. Permítame darle mis felicitaciones y escribirle algunas palabras sentidas
al reflexionar acerca del mismo.
Con una erudición
meticulosa y una imaginación prodigiosa, ha construido una obra que no solo
cautiva, sino que también refleja un estudio exhaustivo del tema, dando vida a
una narrativa tan profunda como fascinante.
Desde las
primeras páginas, el autor convertido en protagonista de su propia travesía,
nos conduce a través de los mares de su experiencia e imaginación, emprendiendo
un viaje, reconstruyendo el pasado con rigurosa precisión. Apoyado en hechos
reales y enriquecido con sutiles pinceladas de ficción, nos sumerge en una
historia que es el fruto de su vida en el mar, de su vasta experiencia y de una
devoción incansable por la lectura.
Cada línea
revela la esencia de un creador que entrelaza su alma con las de sus personajes
reales o imaginarios, dotándolos de vida y emociones. Así su relato se erige
como un testimonio único donde la historia y la imaginación se entrelazan en un
armonioso dialogo, revelando la profundidad de su visión creadora.
El protagonista, al mando del Blue Book
nos invita a conocer la travesía de un marino experimentado, de mente aguda y
espíritu indómito. Con precisión meticulosa, narra cada movimiento dentro y
fuera de la embarcación, sumergiendo al lector en una travesía donde, como un
huésped invisible, también siente el vaivén de las olas y la seguridad del
rumbo trazado.
En medio de
la inmensidad del mar, sus palabras resuenan en la soledad, tejiendo dialogo
con las embarcaciones que se acercan, con el tráfico marino y aéreo y con los
ecos de sus múltiples lecturas. Desde relatos contemporáneos hasta los diarios
de navegación del siglo XVIII, se adentra en historias de piratas, de faros
salvadores y de destinos marcados por desapariciones misteriosas. Todo converge
en un viaje donde realidad y fantasía se entrelazan, en la búsqueda de un
tesoro perdido y el anhelo de inmortalizar su travesía en las páginas de un
libro.
El
protagonista emprende un viaje que no solo atraviesa las aguas del océano, sino
también los mares profundos de la introspección. Sus pensamientos navegan al
ritmo de las olas, mientras los delfines juguetones irrumpen en su soledad y la
luna derrama su caricia plateada sobre la cubierta. Los rayos del sol y la
brisa marina se entrelazan con las paginas de un buen libro y los recuerdos de
conversaciones pasadas.
El aroma
intenso de una taza de café, le envuelve, fiel compañero en sus meditaciones, mientras
una vieja botella de whisky irlandés, marcada por el tiempo y la humedad, le
abre una ventana entre la realidad y la fantasía. Alzando la mirada, se deja
guiar por las estrellas y los planetas, como lo hicieron los navegantes de
antaño, siguiendo un destino incierto pero magnético.
El viaje
narrado cautiva al lector desde el inicio, y su continuación en Nassau, añade
un matiz vibrante que lo invita a sumergirse en la historia sin tregua hasta el
capítulo final. En esta encrucijada estratégica, donde el océano profundo
guarda secretos centenarios, el misterio se intensifica con la desaparición del
Galeón español en enero de 1656.
Con el
pulso firme de una narrativa policial, el protagonista introduce nuevos
personajes cuyas historias se entrelazan en un complejo juego de amores velados,
cartas encriptadas, espionajes internacionales y conspiraciones letales.
Muertes, operaciones encubiertas y traiciones ocultas revelan las sombras que
acechan en los márgenes de la historia.
Pero más
allá de los hechos y los giros narrativos, la trama se adentra en los abismos
del alma humana, explorando pensamientos, emociones y conflictos internos, que
delinean la verdadera esencia de los personajes.
El
desenlace sorprende al lector con la revelación de la verdadera identidad del
protagonista, quien finalmente logra descifrar el enigma y resolver el caso
policial. Y así, entre las aguas turbulentas de la Bahamas, el ultimo rastro
del Galeón de Nuestra Señora de las Maravillas y su legendario tesoro queda
atrapado en el océano.
Los cuerpos
insepultos, custodios eternos de la historia, yacen en el fondo marino, mientras
la brisa marina murmura secretos que aun esperan ser descubiertos. Latitud 27
es un llamado a nuevas travesías, a futuras expediciones para desenterrar lo
que el tiempo y la marea han celosamente guardado. Quizás en algún amanecer
incierto, otro navegante emprenda una nueva búsqueda, desafiando las sombras
del pasado.
-No amo, lo
que quiero es que ese esclavo no tenga caballo.
Nadie que haga igual o más que tú,
en tu área de desempeño, te tendrá envidia. Los que hablan, los que
tergiversan, los que mal ponen, los que te acusan, los que te inventan
historias para deteriorar tu prestigio, sin excepción hacen menos que tú o
seguramente no hacen nada y te lo digo porque me ha pasado y allí seguramente,
si eres escritor, te asalta la pregunta: ¿y qué hacer frente a un hijo de su
madre que haga eso?, pues, la respuesta es nada, dejarlo que siga queriendo
tener tu vida, sin esperanza alguna, sin talento alguno, sin esfuerzo alguno, él,
el envidioso es el esclavo que reclama que el otro esclavo tiene un caballo y
no quiere uno, seguramente porque no sabe montar o porque públicamente ha
criticado a todo aquel que monte caballos.
Solo a los árboles que dan fruto, se
les tira piedras y Byron, lo ha dicho muy bien: ‘’La envidia es el gusano
roedor del mérito y la gloria’’.
Sólo a un escritor publicado, se le
critica su obra por parte de un lector que nunca será tan valiente como para
escribir y en esa materia William Shakespeare, padre de la lengua y las letras
inglesas, se conmovía ante la amarga vida del esclavo que quiere vivir la vida
del envidiado: ‘’Què cosa más amarga, ver la felicidad a través de los ojos
de otro hombre’’.
Escribir da felicidad, pero publicar
es una satisfacción ‘’at infinitum’’ y la felicidad ajena da mucha rabia
como le pasó al esclavo envidioso de principios de este escrito.
En este mundo de seguidores en las
redes, no tengan dudas mis escritores de que son seguidos por un pequeño ejército
de envidiosos que están más pendientes de vuestras vidas que de la de ellos, de
forma que también Heráclito dijo al respecto: ‘’…La envidia siempre dura más
que la felicidad de aquellos a quienes se envidian’’ ¿y Napoleón?, pues, el
envidiado Napoleón que hizo más que todos los franceses modernos juntos escribió:
‘’La envidia es una declaración de inferioridad’’ de manera que a mis
envidiosos, les declaro la paz, porque en sus corazones ya tienen suficiente
guerra, no obstante debo confesar que mi ego, se esponja con vuestras muestras
de odio que no me afectan a mi sino a ustedes, porque me temo que les levanto
algunas pasiones oscuras propias de las letras del escritor francés La
Rochefoucauld: ‘’Una pasión inspirada por el odio, es lo que más se parece a
una pasión inspirada por el amor’’, porque Maquiavelo también se los aclaró:
‘’El odio produce temor, del temor se pasa a la ofensa’’ de forma que seguiré
viviendo la vida con sonrisas, amores, dinero, negocios, letras y felicidad,
mientras ustedes quieren que yo no tenga un caballo.
De
repente siento la llegada por texto, de un mensaje en mi teléfono móvil. Era
del capitán Walter March, quien es nombrado en mi novela Latitud 27, pero que
realmente es una inspiración para toda la historia.
Walter
es uruguayo, uno raro, porque no toma vino sino escocés y sirvió en la Armada
de ese país. Retirado desde hace poco tiempo, vive en su velero Cal 35 y ya
tenemos suficientes millas, un par de huracanes y muchos años, para poder decir
que nos conocemos, pero no, nunca es así, jamás se termina de conocer a
alguien.
Hoy,
sin saberlo, me llega una fotografía de su Garmin, una captura de su derrota,
donde sigue lo descrito en la novela. Si acaso no ha escuchado de Latitud 27,
le sugiero que vea nuestros videos acá abajo, o entre a amazon.com y lea la descripción,
pero más allá de eso lo que siento es la impensable emoción de haber inspirado
a este lobo del mar quien nunca me informó que lo haría, es este un movimiento
que saca a la superficie los tres punto cinco millones de doblones de oro y
plata, cañones, enseres, cerchas, y osamentas de las quinientas cincuenta y
cinco personas que murieron en el naufragio del Galeón Nuestra Señora de las
Maravillas en aquella medianoche el cuatro de enero de 1656.
Walter, con estas letras
oramos por que tengas buena mar.
Una buena noche, antes de salir al
aire, me di cuenta de que no estaba "el Tigre", un amable camarógrafo dominicano.
La gente de producción nos traía todas las noches una taza de té y allí le
pregunté.
-¿Es que no
sabes que anoche despidieron a diecinueve empleados de producción?
-No, no sabía
nada ¿y porque los despidieron?
-Porque el
canal ha tenido algunos problemas con las ventas de publicidad.
- ¿Y porque no
botaron a la gente de ventas?
Allí, ella, a quien no nombraré por
elegancias elementales, no contestó, solo hizo ese gesto de subir los hombros
ante lo inexplicable.
A los meses, me llama el anchor y en
privado, con pena me hace saber de la reducción de mi sueldo y yo preguntè - ¿Por
qué?
-Es que
tenemos problemas económicos y hemos decidido reducir el diez por ciento a
todos los talentos.
-¿Reducción
de sueldo con el mismo trabajo y los mismos resultados en rating? no mi
querida, tú tienes problemas económicos, yo no y si me reducen un dólar de mi sueldo
simplemente me voy al canal de la competencia.
-Debes
recordar que tienes en tu contrato un "non compit" y no puedes hacerlo.
-Debes
recordar, que yo no lo firmé porque la esclavitud se acabó aquí hace dos
siglos, -le contesté con disgusto, -¿lo recuerdas? Sì, cuando los abogados jugaron
a que se disgustaban y que era política de la empresa, pues cambiaron la política,
porque eso es inaceptable y te pregunto: ¿también es política de la empresa
cambiar los términos de los contratos cuando "tengan problemas"?
Acaba de cerrar el canal América tv
canal 41, por problemas contractuales y espero que se revierta esta situación.
He sido entrevistado múltiples veces por casi todos los anchores, en casi todos
los programas políticos. He anunciado nuestros eventos desde sus estudios donde
tengo entrañables y talentosos amigos, es una lástima que un medio cierre sus
puertas por mala gerencia en estos tiempos donde las redes sociales hace
periodista y tergiversador de contenido a cualquiera, pero así son las cosas en
estos tiempos de metamorfosis.
En el caso de Mega TV canal 22, las
realidades son otras, pero muy similares en cuanto a lo económico y la buena administración
del talento y el gusto del poco público televidente que queda.
Esto ha sido un lento y tortuoso
asesinato a la televisión de Miami, donde tuve el placer de trabajar por diez
largos años.