Anoche se me ocurrió este título, porque conseguí sin proponérmelo, los mas de cien mensajes de amor que he puesto en Facebook a mi hijo mayor y me detuve en el que le informé del fallecimiento de su abuelo paterno y creo que no pude continuar, en primer lugar porque era difícil y en segundo porque mi hijo menor me interrumpió exprofeso, porque era evidente mi turbación.
San Germán, Obispo de París, fue una de las glorias de Francia en el siglo VI de nuestra era, nació un día como hoy mayo 28, cerca de Autun alrededor del 496, siendo Obispo nunca dejó su vida de austeridad, se esforzó con éxito en detener las luchas civiles de aquellos días, frenar el libertinaje de los vagamundos que conformaban la nobleza parisina de la época y detener las crueldades de los reyes francos.
Pues bien, un día como hoy es uno de los mas felices de mi existencia, porque nació hace veintiún años mi hijo Roberto, mi primogénito consagrado a Dios y hoy a su Santo Germán. El tiempo va pasando y vamos dejando caminos de hombría, llenos de errores y aciertos, pero es que ambos conforman la amalgama del vivir, a ambos los aprecio, unos porque me hacen crecer desde la visión del aprendizaje del error y otros porque soy un celebrador profesional, hasta de los mas nimios éxitos y eso me hace optimista. Recuerdo mis veintiún anos y me traspolo a las ilusiones que desde esta tribuna cumplí todos con sobrada holgura y pienso en las ilusiones de mi hijo y me duele dejarlo cometer errores pero yo no puedo evitárselos porque no aprendería y a los padres los mandó Dios a la tierra para que los formáramos, los guiáramos, aconsejáramos, pero sobre todo que los amáramos, por eso el tiempo duele, porque en las más de las veces, perdemos el objetivo y nos ablandamos sin darnos cuenta que al pollito no se le puede ayudar a romper el cascarón, porque sería débil ante la vida y perecería, él debe hacerlo solo y cumplir con los mandatos de la divina naturaleza y hacerse en fuego como el mejor acero y poder blandir su poder para seguir creciendo y hacer crecer a los suyos cuando le toque.
Desde el burladero de la sapiencia le aplaudo en la corrida, desde el burladero le pido a Dios le proteja del feroz toro, pero él ha elegido la faena y solo me queda vivir los dolores del tiempo, basando mi pensamiento católico en una máxima budista: “ el dolor es inevitable, pero el sufrir es una opción”, ya saben cual fue mi opción, porque aunque duela, verlo crecer, para cualquier padre es un placer óptimo.
Ha sido benigno mi tiempo, ahora duele menos, porque he decidido no sufrir.