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Tuesday, April 2, 2013

EL MINISTRO

Antonio conoce bien el riesgo del periodismo, que implica con frecuencia la denuncia hacia los personeros del Gobierno. En el tercer piso de su apartamento en la Bogotá de la época y estando en el balcón preocupado por el retardo de Laura su esposa, observó la llegada del taxi. Ella se bajó del vehículo, miró hacia arriba y se encontraron sus miradas que fueron seguidas por una sonrisa cómplice. Pagó el servicio y desembocando por la esquina venía la motocicleta con dos individuos a bordo y uno de ellos mostraba una pistola automática. Las detonaciones no se hicieron esperar y tanto Laura en el piso de la acera como el chofer tras el volante se encontraban bañados en sangre. Diego, querido amigo y compañero de trabajo en la televisión, me prestó el libro de su tío, con la consabida recomendación, como suelen hacer todos y yo lo tomé con agradecimiento y lo puse en esos que nunca leeré, pero las cosas no son casuales y tras meses de espera un buen día lo tomé y decidí ver la contraportada, que me compró el gusto y abrí y leí y ¡no pude parar de hacerlo! Hasta el final. “El Ministro” del escritor colombiano Carlos Cely Maestre, es una novela en la que me vi retratado. Es un excelente libro que dibuja quirúrgicamente el costo que debemos pagar los que escribimos este tipo de cosas y que contra la opinión de nuestra propia familia y amigos, nos enfrentamos como el Quijote de Cervantes, a los inmensos molinos de viento. Mi amigo Diego, quería una crítica para el libro de su tío y no puedo menos que halagar la gentileza y el deleite de haberle leído, por cuanto su prosa, cumple meridianamente con esa métrica novelística que a todos envuelve y seduce y la historia, tan hilada, como contundente se pasea magistralmente por los cuatro intereses de la psiquis del humano, sin darnos cuenta. El periodista sufre y lamenta que no pueda escribir otras cosas y a la vez le divierte que sea él, el elegido para tener acceso a la información que le hace valiente al denunciar al Ministro todopoderoso en un país con leyes que se pueden violar solo por los que ostentan el poder, pero es que ¡el periodismo es un poder!, porque somos esa suerte de voz de los que no pueden hablar. La relación con mis lectores se ha vuelto osmótica y el Señor Carlos, me ha escrito con disgusto al correo del encabezado, reclamándome o reclamándonos lo blandengue que hemos sido con nuestros gobernantes que no le han podido solucionar su problema del dry Wall chino que afectan su vida y yo le invité a un café que no aceptó y le tengo una mala noticia: en este país de leyes su problema con las paredes no es competencia del Gobierno local, debe buscar un buen abogado que demande a la constructora y luego me pasa la información para denunciar y hacer el seguimiento a la demanda que de tener razón lo hará millonario y hago este inciso, porque lo predicho demuestra que siendo un periódico un poder, nosotros también somos susceptibles de ser criticados, con razón o sin ella. En este periódico hemos dado cuenta severa de propios y extraños, hemos sido ductores de las mas duras críticas a nuestros amigos concejales y al propio Alcalde, pero también hemos avalado las insignes decisiones tomadas por ellos a favor de la ciudad, de manera que no esperen de los que ejercemos este oficio, favores, porque no lo conseguirán, no esperen nuestra benevolencia, ni nuestra lenidad, porque no tenemos espacio para eso en estas páginas cada vez mas leídas, porque la ética nos obliga a seguir por mucho tiempo mas, como la referencia de la opinión ciudadana y ella (la ética), se diferencia de la religión, en palabras de mi insigne colega Fernando Savater, con quien tuve la oportunidad de compartir cátedra en la universidad, en que la primera nos dicta las reglas para vivir mejor esta vida y la religión nos da los mandamientos para vivir mejor la vida que viene, de manera que en nuestra ética, demostrada y celebrada en esta edición, está el de informar desde el pragmatismo y basados en hechos comprobados, asumiendo como Antonio la dura responsabilidad de la denuncia y la crítica a lo que ojos vista nos es inapropiado en la gestión gubernamental. El periodista debe ser siempre disidente, debe ser un irreverente de las corrientes sociales, debe ser incómodo y debe poseer la densidad suficiente para decir las mas duras cosas, con el aplomo de la educación y las letras. Se cumplen diez años de labor, en esta publicación líder de la opinión de cuarenta y seis mil almas que vivimos en Doral, pero les tengo noticias, porque también han escrito a mi correo, colegas y amigos turistas, que en los hoteles nos han leído y por ello nunca sabremos a donde llegamos. El ejercicio del periodismo es una suerte de saeta que lanzamos al aire sin saber dónde caerá y es eso lo que con inusitada frecuencia molesta a los Gobiernos, porque de haberlo, hacemos público lo que desean en privado, hacemos público lo que la buena reputación manda guardar, para que no se les vean las costuras, las debilidades, sus falta de talento o sus tropelías, pero nuestra arma nuclear, “la palabra”, como lo dijera el insigne maestro venezolano Cecilio Acosta: “…no es el martillo que desmorona, sino el aliento que insufla; no es canon, sino verbo, ni derrama sangre, sino luz. La palabra, por último, es en un sentido el pararrayos que descarga la nube, por los males que evita y en otro, la electricidad del espíritu, por la vida que siembra y que difunde” Si no existiéramos la opinión nada valdría, las reputaciones tampoco y la excelencia no existiera, la labor no importaría y estaríamos en Cuba o Corea del Norte, subyugados en el pensar y el actuar, de rodillas ante los dueños de nuestras vidas y llorando tras la cerradura de un único pensamiento. En este décimo aniversario de este adolescente maduro, en que hemos convertido a Ciudad Doral Newspaper, su gusto manda ante los otros y con humildad agradecemos, las opiniones de todo tipo (sobre todo las mas duras críticas) que también nos hagan entrar en razón de que no siempre podemos tener la razón. Nosotros no coleccionamos razones y si las pruebas de una investigación periodística nos la quita, con gusto la cedemos, pero diez años de ejercicio ininterrumpido, nos hacen pensar que vamos bien y aunque el éxito nunca es gratuito, entendemos que solo al árbol que da frutos, los otros les tiran piedras, pero lo mas importante es que seguiremos dando muchos frutos y le damos la mas cordial bienvenida a los imitadores, porque toda copia siempre tiene detalles. Que escriban, que escriban mucho, que se llene esta ciudad de palabras e ideas, de pensamiento y denuncia comprobada, porque eso nos obliga a poner un freno al miserable que todos llevamos dentro, de acuerdo a lo expuesto por Víctor Hugo y con la circulación certera e implacable de Ciudad Doral Newspaper, ellos, los miserables, lo pensarán dos veces, antes de violar la ley y las reglas de convivencia. Seguiremos existiendo por muchos años mas, como voz de la comunidad, porque el filósofo alemán Federico Nietzche, ya lo dijo: “Donde cesa el reino de las palabras, cesa también el reino de la existencia”. La gestión no ha sido fácil, pero nos hemos divertido. Los adversarios crean sus anticuerpos, pero siempre conseguimos una inteligente vuelta que les desarma y pone en cintura y desde la humildad de mi pensamiento y desde las letras que con frecuencia me acusan, les envío a todos mis colegas de Ciudad Doral Newspaper, mi felicitación y el orgullo de pertenecer a este prolífico e inteligente grupo editorial.

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