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Wednesday, January 22, 2014

ENTREVISTA CON LA MUERTE

Entré al set de televisión y mi invitado, un reputado periodista venezolano, ya estaba allí. Me pusieron el micrófono inalámbrico y tomamos asiento después de los saludos y bienvenida correspondiente y hablamos sin empaches y con notoria simpatía personal, sobre lo que ocurre en Venezuela y evidentemente nos paseamos, por el difunto Hugo Chávez, también por el difunto Luis Tascón, las tropelías de la difunta Lina Ron, los excesos del difunto William Lara, las complicidades del difunto Contralor Clodosvaldo Rusián y he caído en la cuenta de que poseen algo en común…. ¡todos están muertos! El macabro legado de ellos, aun nos afecta, sufren en Venezuela lo que ellos sembraron y sufrieron, es y sigue siendo una transferencia osmóticamente macabra, del desgano por el buen vivir y por la sonrisa que siempre trae prosperidad y concordia. Esta mañana de frio invierno, me levanté al amanecer, aún no había salido el sol y ya eran las seis y diez minutos de la madrugada, me estiré como siempre y di gracias a Dios, realmente no solo a él, también al espíritu Santo, al Padre y al hijo, tres veces como las tres divinas personas, como lo hago a diario desde que estoy en el exilio y me he vuelto mas creyente. Me puse esa gruesa bata peluda de casa y mis cómicas pantuflas, que me aíslan de la baja temperatura, me serví el café de mis insomnios y como siempre salí al externo, hacia la inmensa terraza de mi estudio que da hacia el este, para ver el mas purificado y común de los milagros, el cual es, el nacimiento de un nuevo día y por ende una nueva esperanza. El sol comenzó a abrazar el fairway del hoyo catorce y le llenó de oro, mientras el humeante café me envolvía entre su olor y el vapor de sus calores y recordé a mi admirado actor británico Charles Chaplin cuando escribió que: “ …en esto de la vida, todos somos aficionados, la vida es tan corta, que no da para mas y es y será maravillosa, sino se le tiene miedo” Ya se oía a la distancia el ruido del secador de cabello de ella y pensé en mi muerte, en mi legado si es que acaso existe en las mentes de mis compañeros de viaje y bajé a la cocina y ella con denuedo preparaba mi desayuno y su cabello lacio y rubio estaba bello, mi casa estaba bella, el azul del cielo era mas intenso y concluí que vivo exactamente la vida que quiero, sobradamente llena de pocas pero significativas cosas que no me llevaré y pensé en Dios y en mi fe, porque no debo temer a la muerte sino a la separación de mis afectos y sonreí cuando recordé a Woody Allen, cuando dijo: “No es que tenga miedo a la muerte, es que simplemente no quiero estar allí cuando llegue” Pensé en la entrevista de ayer, pero sobre todo en los muertos citados que dejaron la única y fugaz vida que tuvieron, para llegar a la tabla rasa que a todos nos iguala y concluí que esa entrevista fue con la muerte.

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