ESE CENICERO
Se calcula que el humano postmoderno miente al menos cada diez minutos, otros son más ágiles en esto de mentir, pero es un promedio y llegué esa tarde a la casa de mi amigo, el que tiene nombre de novela mejicana de alta calidad sentimental. Un nombre de abolengo, de masculinidad, sí, él se llama José Ignacio León Solarte, díganme sino corresponde a un nombre propio del Conde de Monte Cristo o del Capitán Alatriste de Pérez Reverte y con esto espero halagarlo.
Nos
servimos un buen trago y salimos a su bello jardín donde conversamos con
frecuencia de múltiples materias, porque él aún no lo sabe, ni tampoco me cree
cuando le digo, que, al ser un gran lector bilingüe, se está preparando para
ser escritor y será de los buenos.
—¿Que
tabaco quieres? —Y desenfundó una caja color azul en madera llena de una pequeña
fortuna de habanos y yo le mentí, pero lo hice sin intención cuando riposté: —estoy
dejando de fumar —y observé en sus universales micro gestos una cara de desilusión.
Ayer,
lo volvimos a hacer, exactamente igual. En este caso llevaba yo un par de
tabacos, mientras nuestras damas reconstruían en sus fértiles mentes, la decoración
de su bella casa donde siempre nos sentimos como en la nuestra y al salir al jardín,
allí estaba: un bello cenicero en cerámica, con las inconfundibles señas de la fábrica
centenaria de los tabacos cubanos Cohiba y no me pude aguantar:
—¿Dónde lo compraste? Yo quiero uno para mi jardín —y mi novelesco y caballeroso amigo me ripostó:
—Ese era tuyo, pero aquella noche de diciembre en que te lo iba a regalar,
me dijiste que estabas dejando de fumar y lo he puesto aquí.
Las
gentilezas del hidalgo José León Solarte, son tantas que había guardado la
caja, lo introdujo en la misma y me lo entregó diciendo:
—Ese cenicero es tuyo.
Gracias
querido amigo.
www.juradogrupoeditorial.com
No comments:
Post a Comment